Píldoras BíblicoGerenciales (3era Entrega)

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Año I / Nro. 3

Fundamentos de Gerencia II

En esta tercera entrega, amigos interlocutores cibernéticos, de nuevo, les saludo muy cordialmente en nuestro Señor Jesucristo.

Como les indiqué en la nota precedente, este tema lo estoy abordando en dos partes, por ser algo extenso y, particularmente denso, difícil de digerir. En la anterior, consideramos a la organización. En esta, tratamos su hermano siamés, la gerencia, y otros conceptos claves para que podamos contar en el futuro con suficiente base para entender todos los temas que pretendemos abordar.

Gerencia es “El proceso de planificar, organizar, dirigir y controlar las actividades requeridas para manejar correctamente los procesos, adquirir los mejores insumos y utilizar óptimamente los recursos de una organización para producir los resultados (bienes y / o servicios) requeridos por sus clientes, cumpliéndose así la misión de la misma. En este proceso, se opera con y a través del capital humano, liderándolo adecuadamente, asegurando su completa participación a todo nivel, ofreciéndole plena confianza y procurando que alcance su máximo potencial;de modo que la organización pueda desenvolverse apropiadamente en un ambiente que, además de ser por definición incierto, también es altamente dinámico, exigente, competitivo y complejo”. A partir de esta definición, podemos fácilmente deducir que quien está al frente de una organización, el gerente, tiene, entonces, por función principal, planificar, organizar, dirigir y controlar las actividades de la misma. En conjunto, estas funciones son conocidas como el Proceso Gerencial. A continuación, las consideraremos brevemente.

Planificar es fijar el rumbo de la organización.

Organizar consiste en articular adecuadamente los procesos y recursos de la organización para que apunte al éxito, ya definido previamente.

Dirigir reside en manejar adecuadamente el capital humano. En otros términos, es procurar que la gente actúe lo más armónico, sinérgico y sincrónicamente posible, en función de encarar el éxito de la organización, al propio tiempo que alcanzar cierto nivel de autorrealización.

Por último, controlar gravita en evaluar constantemente cómo están evolucionando los factores del medio en el que se está desenvolviendo la organización y si está apuntando al rumbo deseado. En caso contrario, generar los correctivos de rigor.

Considerando al proceso gerencial como un todo, planificar es el subproceso clave, ya que, como se señaló anteriormente, en esta fase se fija el rumbo de la organización. Si no se establece un curso de acción, entonces, organizar sus recursos y procesos no tendrían sentido alguno. Asimismo, no habría hacia dónde dirigir el esfuerzo del capital humano. Finalmente, ¿qué se controlaría, si no se sabe hacia dónde se va? Resaltamos este hecho, porque muchos gerentes están así, a la buena de Dios, viven el día a día, pero no tienen rumbo. Son como un barco a la deriva. Existe un segundo argumento que respalda la tesis planteada anteriormente. Se le atribuye al filósofo chino Confucio haber señalado que difícilmente se da un segundo paso si no se ha dado el primero. Como en forma secuencial, planificar es la primera de las etapas del proceso gerencial, es el subproceso clave, ya que forzosamente se debe planificar antes de proceder a los siguientes. Aquí hago un paréntesis para señalar que algunos pastores, líderes y dirigentes de la obra del Señor caen en la trampa de que deben dejar que Dios haga su voluntad a través de su Espíritu Santo (ES). Si bien estamos de acuerdo en que es bíblico que debemos someternos a la voluntad divina y dejar que el ES actúe en nuestras vidas personales y en las de nuestras organizaciones, también es verdad que debemos actuar. So pena de caer en lugar común, les recuerdo la frase “a Dios rogando y con el mazo dando”.

Consideremos, ahora, al tema de Pensar y Actuar Estratégicamente (PAE). Es un enfoque para el desenvolvimiento del capital humano, principal recurso de una organización. Entendemos por PAE, un enfoque en el cual, desde el mayor hasta el menor en la escala jerárquica, y a todo lo largo y ancho, funcional o geográficamente, dependiendo de la naturaleza, tipo, dimensión y alcance de la organización, su personal piensa y actúa en función de posicionarla adecuadamente en el medio en el que se está desenvolviendo, a fin de, en última instancia, alcanzar el éxito, lo cual ya definimos precedentermente. Trasladándonos al medio cristiano evangélico, PAE es hacerlo inteligentemente, posicionándose en el medio en el que se está desenvolviendo y en función de la voluntad de Dios. Aubrey Malphurs, en su interesante libro: Advanced Strategic Planning – A New Model for Church and Ministry Leaders (Planificación Estratégica Avanzada – Un Nuevo Modelo para Líderes de Iglesias y Ministerios), dice que la Biblia no es extraña a PAE y señala como ejemplo, entre otros, la sugerencia de Jethro a Moisés (Ex. 18); la actuación de Josué (Jos. 6: 1-6; 8: 3-23; 10: 6-9); y la de Nehemías en el proyecto de reconstrucción del muro de Jerusalén (Neh. 3-6). Asimismo, indica que Proverbios presenta la sabiduría de Dios y el papel que juega en la planificación (Prov. 14: 15,22; 15: 22; 16: 3-4,9; 19: 21; 20: 18; 21: 30). En cuanto al Nuevo Testamento, dice que en la Gran Comisión, el Señor le mostró claramente a la iglesia cuál era su misión (Mat. 28:19-20) y que en el libro de los Hechos, se registra cómo el ES utilizó estratégicamente a la iglesia para implementarla, especialmente a través de las actividades misioneras (Hech. 13:1-21:26). Un pastor de los nuestros, muy apreciado por mi persona, me contó que un predicador filipino de apellido Reyes, en un mensaje presentado en un evento internacional, señaló que el ES, según Hechos 8:1, implementó lo que planteó el Señor Jesucristo en Hechos 1:8. Luego, no es un atrevimiento asegurar que es la voluntad de Dios que sus hijos piensen y actúen estratégicamente.

Cerraremos esta entrega, considerando un aspecto crucial para toda organización: La creación o generación de valor. La función social de toda organización, además de producir los bienes y / o servicios que requiere la sociedad, es generar riqueza, es decir, incrementar periódica y progresivamente su valor, medido en términos económico-financieros. Otro aspecto importante que, de paso, ha suscitado discusión desde hace un buen tiempo es cómo distribuir el valor creado. Generar valor es clave para toda organización, en la medida en que, de no suceder, tendería a desdibujarse, enflaquecer y hasta colapsar. Para los fines de esta nota, formulamos el concepto de generación de valor en los siguientes términos: “Una organización genera valor cuando maneja correctamente sus procesos, adquiere los mejores insumos y utiliza óptimamente sus recursos, a fin de producir resultados que satisfagan plenamente las expectativas de sus clientes, su capital humano, sus accionistas o promotores, sus proveedores, la comunidad y la sociedad en general; por lo que despierta admiración en la opinión pública en general y suscita preocupación en sus competidores”. De esta definición se puede deducir que el valor creado por la organización debe repartirse entre quienes la producen, es decir, su capital humano y accionistas o promotores; y los que están en su entorno inmediato, su comunidad adyacente, y la sociedad en general.

Es inútil que recalcar que nuestras organizaciones (iglesias, entes que las agrupan y representan, etc.), aunque son entidades sin fines de lucro, ya que su propósito no es compensar económico – financieramente a quienes las crearon, deben generar valor. De otra manera no pueden consolidarse, ni mucho menos crecer, y así cumplir con su misión. En mis años mozos, le escuché a un importante líder y predicador cristiano evangélico latinoamericano expresarlo en estos términos: “La Obra del Señor es espiritual, no hay lugar a dudas, pero se desplaza sobre ruedas de dinero”. Si quieren un refuerzo bíblico de esto, les rememoro que Dios mismo, a través de Moisés, le prescribió en la Ley a su pueblo, el esquema económico –financiero para que fuese sostenido su obra: Las primicias, los diezmos y las ofrendas. Para los que estén pensando que eso era en el Antiguo Testamento, les recuerdo que el propio Señor Jesucristo lo ratificó (Mat. 23: 23).

A partir de la próxima entrega, estaremos tratando temas específicos en el mundo de lo bíblico – gerencial. Hasta entonces, Dios les bendiga.

 

Paul H. Eustache V.

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Paul H. Eustache V. trabajó algo más de veinte (20) años en Petróleos de Venezuela (PDVSA) y sus filiales. Obtuvo un doctorado de 3er Ciclo en Matemáticas Aplicadas a la Economía (Universidad de Dijon, Francia, 1979), aunque los estudios e investigaciones las realizó en el Instituto Francés del Petróleo, con sede en Rueil Malmaison (vecindad de Paris), Francia. Previamente, se tituló de MSc. en Economía de Hidrocarburos (USB, 1977) y de Ing. Electricista (UCV, 1972). El 1/1/2000, solicitó y obtuvo una jubilación prematura en PDVSA para dedicarse a la docencia a nivel de postgrado (universidades Metropolitana y Santa María), y al adiestramiento y a la consultoría gerenciales a todo tipo de organización. Lo hace a través de su empresa, PyMEconsult, S.A., de la cual es Presidente – Gerente General. Entre sus clientes, se cuentan la Convención Nacional Bautista de Venezuela (CNBV) y las Sociedades Bíblicas Unidas en Venezuela. Paul es un laico líder en la Iglesia Bautista Memorial de Caracas y en la Asociación de Iglesias Bautistas de la Región Capital. Ha ocupado 9 veces la presidencia de la CNBV y actualmente es miembro de su Junta Ejecutiva por cooptación, asesor de su Comité Administrativo y Consultor Gerencial de su Dirección General. Internacionalmente, ha sido Presidente de la Unión Bautista Latinoamericana (1986-89) y Vicepresidente de la Alianza Bautista Mundial (1995-2000). Representa a la CNBV en el Consejo General de esta última en el lustro actual, 2010-15. Previamente, también lo fue en los quinquenios 1990-95 y 2005-10.

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